- ¿Por qué estás triste? ¿Quieres contarme?
-Porque no soy feliz. Y me dijeron que si se mojan a menudo las mejillas de mi rostro es porque no soy felíz.
-Te compadezo.
-Y tampoco me gusta despertarme. Ni las tortas de manzana que mamá y yo hacemos en las noches del domingo y que comemos al desayuno.
-Te compadezco. Tu madre no sabe cocinar y las tortas especialmente de manzana, le saben a carbón.
-Tampoco soy feliz porque hay demasiada tristeza a mi alrededor. Juan, mamá, Tú.
-No te preocupes por mí.
- ¿Podrías tú pedirle a Dios que me ahogue con un último suspiro, felíz, sincero, o que tal vez, me regale un lindo sueño para quedarme dormida para siempre?
-Dios no le concede regalos a la gente.
- Te puedo hacer una pregunta, si no quieres no me respondas...¿Por qué te fuiste y dejaste la mesa recién servida, con los cubiertos de plata y las tacitas de té para las ocasiones especiales?
- Porque hacía un bonito día.
lunes, 3 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
