martes, 17 de febrero de 2009
Otra vez llegó con la cara larga y la mía que cada día veo más arrugada. Y reventó el plato en el suelo y yo dibujé un corazón rojo con esos pedazos en mis manos, también arrugadas. Y me toqué la cara y me toqué toda para darme cuenta de que sí, estoy vieja. Y vestí la mesa y puse en los platos lo que recogí del suelo. Quedó bonito. Roto, sucio, hermoso. Y nos sentamos a la mesa y me miró para decirme que sí, que estaba vieja y que ya no le gustaba el color rosa de mis labios y tampoco mis besos, mi sexo. Tomamos vino y brindamos.
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