lunes, 10 de noviembre de 2008

Ya deja de llorar, corazón. Deja de llorar, mi niña. Te prometo una caja de esos chocolates, los del papel rojito que brilla si me prometes que no lloras más. Mi amor, ¿por qué no me escuchaste antes?, ¿por qué no me leíste los labios cuando te decía en secreto que el amor es un pecado y que ni siquiera morir sería suficiente alivio para alguien como tú?, Mi vida...descansa tu rostro sobre mis piernas que yo voy a cuidarte mientras te quedas dormida y voy a rezarle a Santa Catalina por tus penas, por tus pecados, por tus verguenzas....

sábado, 18 de octubre de 2008

Me estoy muriendo y tengo miedo de lo tránquila que me siento al respecto. Podría dejar el arroz en bajo y la carne sin asar e irme por esa puerta para no volver nunca. Podría dejar planchada la ropa, bueno no toda, e irme por esa puerta para siempre. A veces sueño con no cerrar la llave del gas...y sueño con su olor dulce esparciéndose por toda la casa, hasta el cuarto de los niños....Sueño con que me despido de ellos con un beso en sus mejillas y sin más, sigo hasta el cuarto de Roberto. Está dormido. Lo miro desde lejos y me persigno. Me voy....

miércoles, 15 de octubre de 2008

Prometí que hoy me iría a dormir temprano. Que a las quince menos diez estaría bajo las sábanas, escuchando historias tristes por la radio. Porque sólo así logro conciliar el sueño. Pero me acordé que tenía que escribir algo. Que no me podía dormir sin hacerlo. Y, ahora que estoy aquí, en piyama, frente al computador, no logro acordarme de qué era eso que tenía que decirte antes de irme a la cama. ¿Qué hoy no pasó nada? ¿Qué hoy no te pensé, ni te soñé y que no me acuerdo porqué? No, no era eso...En fin, me voy a dormir ya. En la radio está hablando una señora que no entiende porqué su esposo dejó de quererla de un momento a otro. Espero quedarme dormida con esa historia....

domingo, 12 de octubre de 2008

Ya te dije que no te enamoraras. Que no perdieras el tiempo. Que es mejor no buscar sufrimientos. Hoy te vi, sì, cuando se te puso la carita triste porque él no llegaba. Te ví cuando lloraste en silencio, porque ese día él se olvidó de tí. Es mejor no enamorarse, es mejor no sufrir. Además, tú sabes que él no te quiere, tú sabes que tú no lo quieres, tú sabes que no puedes querer...No te enamores, Sibila, no te enamores....Pronto va a estar lista la sopa y te tomas éstas gotas y mañana ya te olvidas de él y si no es suficiente, duplicamos la dosis de las gotas y mañana no vas a estudiar. Lo vas a olvidar, yo te ayudaré.

lunes, 3 de marzo de 2008

- ¿Por qué estás triste? ¿Quieres contarme?
-Porque no soy feliz. Y me dijeron que si se mojan a menudo las mejillas de mi rostro es porque no soy felíz.
-Te compadezo.
-Y tampoco me gusta despertarme. Ni las tortas de manzana que mamá y yo hacemos en las noches del domingo y que comemos al desayuno.
-Te compadezco. Tu madre no sabe cocinar y las tortas especialmente de manzana, le saben a carbón.
-Tampoco soy feliz porque hay demasiada tristeza a mi alrededor. Juan, mamá, Tú.
-No te preocupes por mí.
- ¿Podrías tú pedirle a Dios que me ahogue con un último suspiro, felíz, sincero, o que tal vez, me regale un lindo sueño para quedarme dormida para siempre?
-Dios no le concede regalos a la gente.
- Te puedo hacer una pregunta, si no quieres no me respondas...¿Por qué te fuiste y dejaste la mesa recién servida, con los cubiertos de plata y las tacitas de té para las ocasiones especiales?
- Porque hacía un bonito día.

domingo, 17 de febrero de 2008

Bueno y morirse no es tan grave. El cielo no ha perdido su azul y la cafetera sigue pitando tres veces cuando el café está listo. No me arrepiento de nada. Ni siquiera de los besos hechos a mano por mí cuando tenía tres años y luego cortados con tijeras de plástico cuando tenía quince. No me arrepiento de nada. Ni siquiera de mis zapatos de charol blancos untados con el pegamento barato que fue el sudor de las manos de mamá. Tampoco del sombrero verde. Tampoco de éstos casi diez días de silencio.

martes, 5 de febrero de 2008

Tengo miedo. Puedo jurar que cuando se despedían, me vieron llorar. No se vayan. No me dejen aquí sola. No me gusta el gris de ésta cobija y el blanco percudido de esa sobresábana. No se vayan. ¿Habrá luz en la noche? ¿Podré leer un poco o me cerrarás la cortina antes de que pueda ver la noche por última vez? Si es así, escucharé boleros hasta que me sorprenda el día con la lectura de esa sentencia que tanto había postergado... ¿Qué será? ¿La vida o la muerte?

¿Será ésta la última vez que estoy con ustedes? No se vayan. He pensado en algo. De hecho lo estuve pensando desde ayer. Yo me iré con ustedes y hacemos como si no hubiera sido así, entonces, yo dormiré en la parte baja de la cama y tú, amor, no te darás por enterado de mi presencia. Tampoco, lloraré ni me levantaré a media noche a orinar. No me quejaré de ningún dolor mundano. No haré ningún ruido. Así, durante todas las noches, los días, los meses y los años. Entonces, ustedes se olvidarán de mí sin dolor. Me olvidarán sin necesidad de enterrarme, de quemarme, de despedirse (odio los besos en la mejilla). Ustedes se olvidarán de mí y yo los odiaré por olvidarme. Luego, no querré volver a saber de ustedes y me iré, también sin despedirme. Pero, nos encontraremos después en algún sueño y entonces...nos presentaremos, "Hola, mucho gusto"y luego, nos diremos el adiós (el que nos debíamos) para siempre.

Silencio

...No se vayan.
"Todo va a estar bien'.
....No se vayan.
"Adiós"

sábado, 26 de enero de 2008

Hoy estuve revisando la biblioteca de la habitación de Juan y me entretuve con un libro que llamó mi atención por los colores dorados de su solapa. Yo nunca leí nada, posiblemente porque nunca ví un libro como éste, todos eran feos, sin colores, sin ¨clase¨. Y ya tenía bastante de salvajadas y malas costumbres.

Qué libro tan bonito. Así serán los libros que leerá la Reina de Inglaterra o la princesa de Monaco, me imagino. Con razón dicen que son personas tan cultas. Yo también sería culta. Cuando abrí el libro de solapa dorada, se me cayó la cabeza. Esa que durante todo el día me estuvo aturdiendo con dolorosos recuerdos de mi muerte. Se me cayó al suelo y salí corriendo detrás de ella para alcanzarla; no fuera que llegaran los niños y la confundieran con una pelota de fútbol. Corrí por toda la casa, a paso lento, porque empecé a sospechar de mis venas "cordilleras de la sábana" de la pierna derecha.

Cuando la encontré estaba justo debajo de la nevera. Sangraba. Seguramente salió tan disparada cuando abrí el libro que aún guardaba el impulso que la mantenía atorada contra el suelo. Pobre Cabeza. Pero, la odiaba tanto, que la dejé ahí, por lo menos hasta que se quedara quieta. Hasta que se olvidara de mi cuerpo y mientras tanto, leyera las primeras y las últimas 50 hojas que jamás leería en toda mi vida.

"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".

jueves, 24 de enero de 2008

Me quedé sola. Se fueron todos en medio de disculpas tontas (sólo me convenció la de Juan, quien tuvo que salir a buscar a esa y sólo esa paloma que lo había cagado justo cuando se le declaraba a esa muchacha bonita, quien a propósito, nunca más volví a ver) y para evitar verme a los ojos y contener la tristeza. Mejor, ya estoy cansada de tantas lágrimas contenidas. De tanto café en las mañanas con sabor a despedida anticipada.

Escucho a Miguel Aceves Mejía, y mis pies bailan sobre el cubrelecho doble faz de Anita y Juan. Toco el cielo en un insante. Mi cuerpo se mueve al son de un Mundo Raro, me susurran al oído amor e ilusiones, estoy sintiendo amor del bueno. No vuelvan por favor. Les dejo mis besos a todos, pero no vuelvan. Déjenme morir aquí. Soy tan feliz.

miércoles, 23 de enero de 2008

Noche, ¿me escuchas?

Me pesa el cuerpo. Algo dentro de mí se está muriendo e imagino a esos labios diminutos diciéndome "adiós". Nadie me quiere decir nada, pero sé que estoy enferma. Sé que voy a morir. No tengo miedo, porque llevo 50 años pidiéndole a la noche que me lleve con ella...Sólo que jamás pensé que doliera tanto, porque es eso...dolor, dolor físico el que siento en mi espalda, en mis piernas arrugadas, moradas.

Pero, no voy a llorar más. No quiero que nadie me oiga. Es mejor cerrar los ojos...Noche, ¿Me llevarás hoy contigo, para siempre?