Me quedé sola. Se fueron todos en medio de disculpas tontas (sólo me convenció la de Juan, quien tuvo que salir a buscar a esa y sólo esa paloma que lo había cagado justo cuando se le declaraba a esa muchacha bonita, quien a propósito, nunca más volví a ver) y para evitar verme a los ojos y contener la tristeza. Mejor, ya estoy cansada de tantas lágrimas contenidas. De tanto café en las mañanas con sabor a despedida anticipada.
Escucho a Miguel Aceves Mejía, y mis pies bailan sobre el cubrelecho doble faz de Anita y Juan. Toco el cielo en un insante. Mi cuerpo se mueve al son de un Mundo Raro, me susurran al oído amor e ilusiones, estoy sintiendo amor del bueno. No vuelvan por favor. Les dejo mis besos a todos, pero no vuelvan. Déjenme morir aquí. Soy tan feliz.
