Querida hija mía.
Hoy cuando contestaste el teléfono, por casualidad, te dije que te quería, por casualidad. Y mientras tu seguramente pensabas en los posibles desenlaces de tu noche triste, no reparaste en mis palabras, que serían las últimas. Entonces aproveché esa desatención tuya, casual, para contarte mis secretos. Que me voy a morir y no habrá tiempo de despedirnos. Que desde que lo sabes me falta el aliento y cada noche cuando cierro los ojos es como un casi beso a la muerte, siempre tibia. Hijita, tu corazòn adolescente se mueve tan rápido últimamente, comparado con el mío que me amenaza todos los días con sacar la mano...Te dije, cuando esperabas que colgara, que tengo miedo y que ese es el mayor de mis secretos.
sábado, 18 de julio de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
