Yo te lo advertí, chiquita. No te imaginas cuánto dolor me causó ver que te enamorabas como una chiquilla (eso eres aún para mí)...Yo quería cortar tus ilusiones de tajo y acabar con la vida de él con un silencioso disparo, suave, casi dulce. Quería matarlo y entregarte su cadáver envuelto en un velo rosa, rosa como tu vestido. Quería darle un beso en la boca y que fueran mis labios los que hubieran sido violados. Nunca los tuyos, inmaculados, sacros.
Lo siento tanto. De verdad, lo siento y te acompaño en tu tristeza. No lo maté para que no te matara a tí, se llevó tu inocencia y eso me alegra. Ya no podías andar así por el mundo soñando. Era necesario que murieras, que te mataran así. Y ahora que agonizas no puedo hacer más que soplarte al oido que te amo y que me muero contigo.
Perdónalo, Sibila y olvida. Pero, también recuerda, que lo quisiste y que él tomó ese amor tuyo y lo cortó en forma de corazones, como los que hacíamos para tus tareas del colegio. Recuerda para olvidar. Recuerda para perdonar. Y dale las gracias porque te hizo mujer su desprecio.
