viernes, 8 de mayo de 2009

Mi Sibila...

Yo te lo advertí, chiquita. No te imaginas cuánto dolor me causó ver que te enamorabas como una chiquilla (eso eres aún para mí)...Yo quería cortar tus ilusiones de tajo y acabar con la vida de él con un silencioso disparo, suave, casi dulce. Quería matarlo y entregarte su cadáver envuelto en un velo rosa, rosa como tu vestido. Quería darle un beso en la boca y que fueran mis labios los que hubieran sido violados. Nunca los tuyos, inmaculados, sacros.

Lo siento tanto. De verdad, lo siento y te acompaño en tu tristeza. No lo maté para que no te matara a tí, se llevó tu inocencia y eso me alegra. Ya no podías andar así por el mundo soñando. Era necesario que murieras, que te mataran así. Y ahora que agonizas no puedo hacer más que soplarte al oido que te amo y que me muero contigo.

Perdónalo, Sibila y olvida. Pero, también recuerda, que lo quisiste y que él tomó ese amor tuyo y lo cortó en forma de corazones, como los que hacíamos para tus tareas del colegio. Recuerda para olvidar. Recuerda para perdonar. Y dale las gracias porque te hizo mujer su desprecio.