jueves, 17 de diciembre de 2009

Y lo miraste con miedo, con tus ojos color tristeza y el sudor del cuerpo que te delataba. Yo, y tu vestido rosa y tus medias blancas. Tus crayones de colores, tus santitos y tus sábanas blancas. Yo, con tu miedo en mi boca y el humor de tu sexo hecho lágrimas de escarcha. Lloraba mientras te esperaba y tu llorabas mientras lo esperabas. Entonces nos encontramos en uno de los tantos lagos que nacieron de lo que de tí brotaba. Te pedí que me esperaras, que a pesar de todo, me esperaras. Pero Sibila, siempre fuiste impaciente, tan lejana. Entonces, te perdí de vista y zambullí mi cuerpo en tus aguas derramadas. Fue cuando supe lo que era extrañarte aun teniendote dentro de mis entrañas. Te ahogaste dentro de esa corriente espesa tuya, embebida en su dolor que te desgarraba el alma. Y yo te vi desde aquí, atada en mis silencios (los tuyos) que morían con el drop drop de la lluvia en la ventana. Mi Sibila amada, te vi morir ante mis ojos y no hice nada.